miércoles, 2 de enero de 2008

¿Por qué? 2

El presente texto, acerca del origen de la escritura como forma de expresión, lo publiqué originalmente en el blog Katz Escritor.

Juan P. Bonilla

Hablemos sobre la inspiración. No la ejerce ningún músculo en especial. No proviene de glándula alguna que podamos señalar en un esquema del cuerpo humano. Sabemos que proviene del cerebro, como todo lo demás, pero de ahí también vienen los sueños y los odios enfáticos que nos corroen los días; así que olvidémonos de la materia y centrémonos en la psique.

Los poetas y algunos escritores nada originales mencionan a la musa. ¿Qué diablos es la musa? No lo sé. Supongo que es algo que flota sobre los artistas mediocres y que les dispara ideas, o simplemente se las dicta, como lo hacen los poderosos a sus secretarios en sus lóbregos despachos. “Querido hijo Mijail: olvídate de la herencia; no verás un solo rublo.” Al secretario poco le importan las peleas entre el camarada Dalmatov y su hijo rebelde que voló tras una trapecista para unirse al circo Korniapev; sólo imprime la desazón de aquel padre en una o dos hojas, la pasa a limpio y la envía hasta la aldea de gitanos donde Mijail y Kalinka retozan alegremente. Hecha la encomienda se olvida del asunto.

Debo agregar, en honor a la verdad, que grandes obras maestras fueron gestadas de este modo tan burocrático.

Mi caso es distinto, sin embargo. Creo que no he inventado nada de lo que he escrito. No soy tampoco un reportero que toma eventos sencillos de la realidad para entretener a la masa ávida de lecturas con largos cuentos en clave de no-ficción. Pero venir a decir que un ángel me ha sugerido contarle al mundo tal o cual cosa me parece tan corrido que se sale del mapa. Y si así fuera, si tal cosa pudiera pasar y los escritores no fuéramos otra cosa que cronistas de un mundo invisible ¿en dónde estaría la gloria? ¿Qué maravilla envolvería al escritor? Ninguna. Sólo seríamos otra forma de control.

Pero no es así; yo lo sé. Señalemos a un tipo como el buen camarada Vladimir Nabokov. Escribió la que yo considero la novela total acerca del anhelo hecho pedazos. Lolita no podría ser más creíble ni real si la hubiésemos leído como crónica en The New Yorker. No pasó, y Vlad estuvo siempre lejos de ser un profesor atravesado con una obsesión clínica por el fantasma reencarnado de su fallecido primer amor. No obstante, y pese a que lo redactó entre un hospital de París y su apacible casa en Estados Unidos, este relato en primera persona es tan doloroso y crudo que quien tenga la sensibilidad debida lo sentirá en el fondo del pecho hasta la última línea.

Pero dejemos eso a un lado por ahora. Mi punto es el siguiente: el escritor ve y luego escribe. Bueno, ve, siente, prueba, escucha, sintetiza todo, selecciona lo necesario para aplicarlo al lienzo del tema que quiere tratar, selecciona el fondo apropiado y luego pinta… ¡digo! Escribe.

No se me ocurre nada más por ahora. Son las dos de la mañana… la musa duerme.

domingo, 30 de diciembre de 2007

¿Por qué?

¿Por qué escribimos? es una pregunta que se equipara a la de ¿se nace o se hace? Creo que el hombre escribe en su afán de comprenderse - comprender y de aprehenderse - aprehender, porque así como su yo interior constituye un misterio, también la otredad lo es. Así como nos reconocemos en los demás, sucede lo mismo al contrario y la escritura vendría a ser una herramienta mediadora en este diálogo entre el yo y el otro. Obviamente la escritura abarca tantos porqués como se nos puedan ocurrir, entonces no podemos pasar por alto el hecho de la expresión; por mucha ficción que escribamos, siempre encontraremos elementos reales, que son la base y que nos recuerdan algo y nuestras historias, por más impersonales que sean siempre tendrán algún elemento de nuestra experiencia vital...

En un plano más personal, decidí escribir, en un principio, porque había leído tanto, que sentía la necesidad de devolverle a la Literatura, un pedacito de todo aquello que me había brindado; encontré que el camino es largo y complicado, significa un reto para quien se atreve a vivirlo y para mí, eso ha sido el motor que me ha impulsado a no desistir de la idea. Además, descubrir los "secretos" de esta profesión, me han satisfecho como ser humano ¿les ha pasado? El entrecomillado no lo pongo como sarcasmo, sino porque no estoy segura de utilizar esa palabra, ya saben que ha sido un cliché y la gracia de esta profesión es la búsqueda para renovar...

En cuanto a la pregunta que nos plantea Ingrid, he escuchado a algunas personas expresar que no escriben para un lector en particular, sino para si mismos, podríamos decir que el lector se da de modo natural, pues lo narrado sirve como espejo para los lectores. Pero ha esto, replica Umberto Eco, quien en la edición de Plaza y Janés del Nombre de la Rosa, presenta un apartado en donde explica la cuestión del lector ideal, que es creado a partir de una visión en perspectiva que el escritor hace mientras plasma su idea. Este apartado del que les hablo, trae muchas más cosas que valdría la pena estudiar.

La pregunta inicial es de doble filo, porque la verdad siento que el espacio se limita...yo creo que a todos como escritores en potencia, nos pasa que hemos acumulado muchas experiencias y queremos compartirlas, esto me anima a dar curso a la idea de Gustavo, de realizar un encuentro, y más que eso, una tertulia, en la que se puede llegar a tratar con más calma este tema, ¿se le apuntan a un encuentro? Igual esperamos los escritos, que serán la base para planear la reunión